Los estudios muestran que las nuevas subvariantes son muy distintas a la versión original de Ómicron y que la inmunidad producida por una infección anterior podría no proporcionar mucha protección.
Las mutaciones genómicas de BA.4 y BA.5 respecto a sus predecesoras también se han traducido en un cambio de los síntomas y su duración. Según recoge el último informe de la salud pública francesa, la duración de los síntomas se ha reducido a cuatro días frente a los siete de Ómicron y se ha aumentado la probabilidad de perder el olfato y el gusto.
En concreto, el organismo sanitario dobla la probabilidad de presentar anosmia (pérdida de olfato) y ageusia (pérdida del gusto), junto con una mayor presencia de vómitos o diarreas que con la variante Ómicron original.
Aun así, los síntomas más frecuentes detectados son la fatiga o astenia, que afecta a un 75,7 por ciento de los positivos. Los siguientes más comunes son la tos y la fiebre, ambas con un 58,3 por ciento. Mientras que el dolor de cabeza se da en un 52,1 por ciento de los contagiados y la secreción nasal en un 50,7 por ciento de afectados. Hay otros síntomas habituales del coronavirus que también tienen una frecuencia de aparición algo mayor en los casos de BA.4 y BA.5 con respecto a BA.1 como son: dolor muscular, dolor de garganta, dificultad para respirar, disnea y vértigos.
Aunque los síntomas sean más prolongados y en algunos casos también más frecuentes, el informe precisa que eso no significa que se estén produciendo hospitalizaciones más graves. Un análisis que coincide con el realizado por el ECDC, quien apunta que «actualmente nada indica ningún cambio en la gravedad de los casos infectados con BA.4 o BA.5 en comparación con otros sublinajes de Omicron».
Un análisis genético preliminar ha puesto de manifiesto que estas nuevas subvariantes pueden haberse originado en Sudáfrica al mismo tiempo que otras desde principios de 2022, pero los científicos no saben con certeza su origen. Según se recoge en el repositorio de variantes outbreak.info, el sublinaje BA.4 se identificó por primera vez el 10 de enero de 2022 en Sudáfrica y poco después, el 26 de febrero, se identificó el BA.5.

